Bitácora de Iván Salcedo

Bitácora de Iván Salcedo – Santo Domingo, República Dominicana

Por Iván Salcedo

Con el advenimiento del conflicto entre Rusia y Ucrania, las cotizaciones de los precios del petróleo en los mercados internacionales han experimentado sus alzas más importantes en 14 años. La nueva situación geopolítica vino a exacerbar un mercado atribulado por grandes presiones por un déficit existente en el suministro global, una paupérrima capacidad excedente de los productores -y especialmente de la OPEP- y un pronóstico favorable para un mayor crecimiento de la demanda en el corto plazo.

Esta compleja situación de factores ha llevado a diferentes organismos y bancos de inversión a elevar sus previsiones de precios, llegando algunas a augurar precios superiores a los US$100 dólares por barril por el resto del año, algo no visto desde el año 2014. Una de estas firmas ha sido el banco estadounidense Goldman Sachs, el cual, en un ejercicio de ponderación de las probabilidades de eventos en el mercado, ha elevado su pronóstico para el resto del 2022 hasta los US$135 dólares por barril, frente a una predicción previa a la crisis geopolítica de US$115 dólares por barril.

Las implicaciones de precios encumbrados del petróleo son numerosas para el mercado y en última instancia para los consumidores. La mayoría de las economías del mundo han experimentado un importante incremento en el nivel de precios en 2021, como consecuencia de un fenómeno de alza general en los precios de las materias primas al ritmo de la reactivación económica mundial de los confinamientos más severos en la pandemia del coronavirus. Una subsecuente alza en los precios del petróleo viene a acrecentar las penurias de los hacedores de política económica, al introducirse un shock energético no anticipado con limitadas herramientas fiscales y monetarias por consecuencia de la pandemia. Sin citar los efectos sobre la economía de los consumidores, que experimentan alrededor del mundo mayores de precio al detalle de los combustibles y particularmente en Europa, unos mayores precios de gas de calefacción y de electricidad.

Entre las potenciales salidas a la actual situación del mercado petrolero que son consideradas y debatidas por los principales analistas y firmas internacionales se encuentran: El reavivamiento del acuerdo nuclear PAIC con Irán; El levantamiento de sanciones a PDVSA y Venezuela; El aumento de la producción de petróleo de fuentes no convencionales (esquisto) en los Estados Unidos; Una liberación de reservas estratégicas petroleras de los países del AIE; El desvío de las exportaciones petroleras hacia China y; Un aumento de la producción de la OPEP ante la situación rusa y estrechez del mercado preexistente. Adicionalmente, se discute posibilidad de una salida más abrupta y antagónica contra los intereses globales: la destrucción de la demanda.

Acuerdo nuclear con Irán. Durante los últimos meses, representantes de los gobiernos estadounidense e iraní, junto a otros de los países miembros del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), han sostenido reuniones para alcanzar un reavivamiento del acuerdo del 2015. Bajo este nuevo acuerdo, Irán estaría en la capacidad de reanudar sus exportaciones petroleras al resto del mundo de manera inmediata, en una primera instancia reduciendo sus existencias actuales de condensado y crudo en almacenamiento flotante ascendentes a aproximadamente 60 millones de barriles y en segundo lugar, en el aumento de su actividad petrolífera y posterior consecuente aumento de la producción, esto último unos meses después. En cualquier caso, el impacto de un acuerdo con Irán tardará meses en manifestarse plenamente.

Este acuerdo con Irán, sin embargo, se ha visto entorpecido por la incapacidad del gobierno estadounidense de ofrecer garantías al PAIC y a Irán sobre todo, de un futuro cumplimiento del acuerdo ante un cambio de jefe de estado. Así mismo, por consecuencia de las sanciones impuestas a Rusia, esta última ha solicitado exenciones y garantías de que las mismas no afectarían sus relaciones comerciales bilaterales con Irán.

Levantamiento de sanciones a Venezuela. Entre tanto, en las primeras semanas de marzo, se filtró a la palestra internacional unas reuniones entre representantes de los gobiernos de los Estados Unidos y de la República Bolivariana de Venezuela. El contenido de estas conversaciones, según lo filtrado, era el posible levantamiento de determinadas sanciones estadounidenses en contra de Venezuela, en cambio de la reanudación de las exportaciones petroleras directamente a este país. No obstante, la filtración causó asombro e indignación en ciertas esferas del país norteamericano, lo cual obligó a la Casa Blanca aclarar que actualmente no se mantienen conversaciones activas con el país sudamericano para el levantamiento de sanciones o exenciones adicionales sobre la producción.

A pesar de que se avizorado a Venezuela como una posible solución a la estrechez vigente en el mercado petrolero, el potencial de suministro de la estatal PDVSA es muy limitado. El banco estadounidense Goldman Sachs y la Cámara Petrolera de Venezuela estiman, de forma separada, que un levantamiento de las sanciones podría generar apuntalar la producción entre 400 y 500 mil barriles al día al corto plazo. De acuerdo con figuras oficiales, la producción en enero del país sudamericano se situó en 755 mil barriles por día en promedio.

Esquisto estadounidense. Unas de las salidas más referenciadas en la coyuntura petrolera actual, es un eventual aumento de la producción estadounidense a través de una explotación más acelerada de sus yacimientos de esquisto. Aunque razonable dados las vastas reservas en los yacimientos de este país, la realidad en el terreno plantea una probabilidad distinta y, adicionalmente, el apetito de los inversores de las productoras de petróleo no convencional se ha tornado más conservador con el paso de los años.

Particularmente en el campo productivo, la capacidad para un aumento inmediato y a una escala apreciable de la producción es limitada, puesto que, desde el tercer trimestre del 2020, los productores estadounidenses han puesto en operación una gran cantidad de sus pozos DUC (perforados por no completados), dejando un margen más limitado para un rápido aumento de la producción no obstante al presente estímulo de los altos precios.  Esto significa que para alcanzar una mayor producción y de una cuantía suficiente para contribuir a reducir las brechas de la oferta prevaleciente en el mercado, estas empresas tendrían que agotar el proceso de inversión y explotación de los recursos probados y disponibles desde cero.

El factor financiero es quizá el más importante de miras al corto y mediano plazo. En 2021, las empresas más importantes en los yacimientos de esquisto estadounidense no aprobaron presupuestos CAPEX ambiciosos para el 2022, y muchos apenas han apostado por mantener sus niveles de producción estables. Inclusive en el escenario actual de precios más elevados, los inversores siguen reacios a apostar por una mayor producción en virtud de lo ocurrido entre 2014 y 2015 en el último boom del esquisto estadounidense, en los cuales registraron pérdidas o retornos poco favorables.

Producción doméstica estadounidense de otras fuentes. Independientemente del esquisto, el gobierno estadounidense actualmente no se encuentra en la disposición de ampliar las áreas y permisos existentes para la perforación de petróleo y gas en el país. Es improbable que un gobierno de centro-izquierda, abanderado del acuerdo de Paris y de la reducción de las emisiones provenientes de fuentes de combustibles fósiles, fomente la producción doméstica de petróleo y gas concediendo mayores permisos de exploración y producción en terrenos estatales y afuera de la costa (offshore).

Uno de los argumentos arrojados por la Casa Blanca en estos días, es que los productores tienen en sus manos más de 9 mil permisos de explotación que no son utilizados y que está en las manos de las empresas de exploración y producción estadounidense la decisión sobre un eventual aumento de la producción. Por su lado, representantes de la industria petrolera señalan que un incremento de la producción deberá incluir mayor facilidad para perforaciones en tierras federales y otros incentivos a la industria.

Indistintamente de un eventual cambio de política por parte de la administración de Biden, una mayor perforación en tierras federales y offshore probablemente tardaría demasiado tiempo para llevar más petróleo al mercado, con un rezago de entre seis meses y hasta un año. 

Una liberación de reservas estratégicas petroleras de los países del AIE. Otra avenida planteada para solucionar la estrechez en el mercado del crudo y en particular la ausencia de Rusia como suplidor, ha sido la posible liberación coordinada de reservas estratégicas de petróleo por parte de los países miembros de la Agencia Internacional de Energía (AIE). En efecto, existe la aprobación de un compromiso para liberar 60 millones de barriles de petróleo, a razón de 2 millones de barriles por día durante 30 días, si fuese necesario. De estos, los primeros 30 millones de barriles provendrían de la reserva estratégica de petróleo de los Estados Unidos.

En sí misma, esta herramienta mitigaría de manera insuficiente una ausencia total de los barriles de Rusia, cuyas exportaciones de crudo a los países de la Unión Europea y Estados Unidos ascendían a 2.9 millones de barriles por día de crudo y 1.8 millones de barriles por día productos terminados, según estimados del banco de inversiones Goldman Sachs. Por otro lado, probablemente la coordinación de esta medida, con un acuerdo con Irán y mayores incrementos productivos de países de la OPEP, podría solventar cualquier choque originado por una disrupción total, sin enrutamiento de la producción rusa hacia India y China, del petróleo ruso.

Redirección de los barriles rusos hacia China. Actualmente, los flujos de crudos como los Urales se están comerciando en el mercado a descuentos récord frente al crudo referencial Brent por los efectos de las sanciones internacionales a Rusia. Este tipo de oportunidad económica, probablemente le será lo suficientemente atractiva a China para reconfigurar su suministro petrolero, a pesar de los riesgos logísticos y operativos que se ciernen sobre esta maniobra.

Una vez visto el factor geopolítico, de una mayor influencia y vínculo sobre Moscú, la compra del crudo ruso podría convertirse en una jugada estratégica para China. Considerando que para sortear las sanciones occidentales, ciertas transacciones deberán prescindir de monedas como el dólar y los euros, el prospecto de adopción del Yuan como moneda de reserva y comercial por parte de Rusia, podría resultar muy atractiva para China.

Un aumento de la producción de la OPEP. En lo inmediato, un aumento de la producción de la OPEP por la situación de Rusia adicional a los incrementos mensuales de las cuotas productivas en 400 mil barriles por día luce bastante improbable. A pesar de los esfuerzos diplomáticos de los Estados Unidos para alcanzar alguna avenencia con países como Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, sin un compromiso conjunto de Arabia Saudita y el resto de la OPEP, un incremento de la producción fuera del consenso es descartable. 

Ante todo, el principal reto de los países pertenecientes al grupo de la OPEP+ es cumplir sus compromisos de producción o cuotas, en conformidad al acuerdo de Octubre de 2021 y su posterior reunión en enero de este año. De acuerdo a estimados de Argus Media, la brecha entre la producción meta y la producción efectiva se encuentra actualmente en 890 mil barriles por día, para el mes de febrero. Adicionalmente, el tono de los Estados Unidos con Arabia Saudita, y su líder Mohamed bin Salmán, reduce la probabilidad de  que se alcance un acuerdo con este país para aumentar la producción a costas de su enorme capacidad excedente.

Destrucción de la demanda. Uno de los prospectos más indeseables para la mayoría de los gobiernos del mundo, es la sucesión de un episodio de destrucción de la demanda global como mecanismo de ajuste a un potencial déficit de suministro por la ausencia de los barriles de Rusia.

En este escenario, los precios del petróleo se incrementarían de manera indiscriminada hasta lograr reducir el consumo global de combustibles, generando el reequilibrio de la oferta y la demanda petrolera.  No obstante, es importante resaltar, que en vista de medidas recientes radicadas y propuesta por algunos gobiernos de reducir los impuestos a los combustibles, el nivel de precios que sería necesario para la alcanzar la destrucción de la demanda podría ser más alto.

El banco estadounidense J.P.Morgan afirmó en una nota a principios de marzo que la magnitud del impacto en la oferta es tan grande que los precios del petróleo deberían alcanzar y mantenerse en torno a US$120 dólares por barril durante meses para incentivar la destrucción de la demanda. Y advirtió que podrían terminar el año en US$185 dólares por barril. Mientras que Goldman Sachs, afirmó que en un caso de bloqueo total y cierre de la cuenta de capital de Rusia, los precios del petróleo promediarían US$175 dólares por barril.

Revista Nirvana

Febrero 2022

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